#ElPerúQueQueremos

Tránsfugas y renegados

Christian Wiener Fresco

Publicado: 2015-08-11


La proximidad de los nuevos comicios electorales ha vuelto a poner en la palestra el debate sobre algunos de los tantos males de nuestra política nacional de los últimos años, como el transfuguismo. Hace pocos días Ollanta Humala se quejaba de ello, y llamaba a que el Congreso establezca algún tipo de sanción a quienes la practican “en favor de la democracia” y para “consolidar los partidos”. Es comprensible que el Presidente se encuentre dolido por el alejamiento durante su gobierno de 16 parlamentarios de su bancada (y que todavía pueden ser más) lo que constituye un record en comparación con anteriores gestiones, dejando a Gana Perú como la segunda fuerza congresal. Pero si fuera mínimamente autocrítico tendría que reconocer que más allá de muchos otros factores y circunstancias adicionales en cada caso, la principal razón del alejamiento en su partido radicó en el giro casi copernicano que tuvo el candidato nacionalista luego de ser investido Presidente, el mismo que ni siquiera se dio el trabajo de explicarlo o justificarlo frente al país, sino que acostumbrado a actuar “manu militari”, obligó a sus partidarios a acatar las decisiones suyas y de su esposa sin chistar, invitando públicamente a salir a los disidentes, al repetir en más de una ocasión que las puertas de su partido “estaban abiertas para los que se quieran ir” (y a buen entendedor, pocas palabras).

Al respecto, en un reciente artículo del analista Fernado Tuesta Soldevilla, se empieza preguntando sobre la definición del término y sus implicancias: “Si tránsfuga es aquel que se retira de un grupo o bancada parlamentaria, ¿qué pasa si solo sale y no se incorpora a ninguno otro?, ¿y si no se sale, sino que es expulsado de la bancada parlamentaria, se le sanciona como tránsfuga?, ¿qué ocurre en el caso de un grupo de parlamentarios, no uno individualmente, que se retira del partido porque ha cambiado su propuesta política inicial? ¿Y en los casos en que la bancada está conformada por más de un partido, si un parlamentario sale pero se mantiene en la bancada o si sale pero ingresa a otro partido de la misma bancada? ¿También se le penaliza? ¿Importa si un parlamentario sale de la bancada pero no está inscrito en el partido (por ejemplo, solo cinco parlamentarios de Fuerza Popular están inscritos en el partido)? ¿Y sería serio aceptar la propuesta de que el partido mantiene el escaño en caso de transfuguismo? En este periodo Gana Perú perdió ya 16 escaños?” Y agrega que ese fenómeno no es exclusivo del Parlamento sino más grave aún a nivel regional y local, y porque no también, en el propio Ejecutivo.

En realidad el transfuguismo tal como lo entendemos hoy es un fenómeno propio de los tiempos donde la política se ha mercantilizado y mediatizado, con una larga crisis del sistema de partidos, convertidos en agrupaciones caudillistas, sin ideología ni principios. Alcanzó su cenit en las postrimerías del fujimorismo, cuando pudimos ver como se compraba en la sala del SIN “mayorías” cuando todavía no se había iniciado el nuevo gobierno. Pero a la caída del régimen bifronte el transfuguismo no desaparece sino muta hasta el presente, ayudado por partidos políticos de cartón piedra, carentes de militantes fogueados y con más de un impresentable y cuestionable sujeto invitado por el peso de su billetera en sus listas congresales. La pandemia afecta también a partidos más o menos organizados e ideológicos, devaluados por sus dirigentes enquistados, como el APRA, el PPC y la izquierda; pero se hace mucho más pronunciado en las otras agrupaciones aluvionales y alianzas de ocasión a nivel nacional y/o regional y local.

No hay que confundir el tránsfuga con el renegado. Este último es mucho más antiguo, y corresponde a la época de los partidos fuertemente ideológicos y centralmente organizados, en los que algunos de sus militantes y dirigentes decidían apartarse por algún tipo de desilusión o frustración política. Esta ruptura era casi siempre traumática y llevaba a largas confrontaciones con sus ex compañeros, como si atacándolos pudieran exorcizar los demonios de su anterior filiación. Un caso emblemático en Perú fue el de Eudocio Ravines, ex secretario general del Partido Comunista luego de la muerte de Mariátegui, y después furibundo anticomunista. No es el único, ya que en el presente hay otros casos conocidos.

Volviendo al transfuguismo y el artículo citado, Tuesta propone soluciones que no terminan de convencer, como la eliminación del voto preferencial, que si bien puede haber contribuido a esta acción en los últimos años, está lejos de ser su causa, ya que en los 80 había voto preferencial y no se producía mayor transfuguismo. Tampoco sería una solución aumentar más la valla electoral para los partidos, lo que solo redundará en favor de los existentes y la elitización de la política. La solución de fondo es sincerar la política, que los partidos tengan ideario político y programas, que lo difundan y lo más importante, cumplan lo que prometieron a la población. Adicionalmente, que las organizaciones sean tales, tengan militantes, dirigentes y comités reales en todo el país, y que no dependen de la voluntad o carisma de una persona, sino de un colectivo. Y por último, y no menos importante, que se sepa su fuente de financiamiento y sus compromisos con terceros, sean legales o ilegales. Solo así empezaremos a combatir a los tránsfugas de verdad, lo demás es pura pantalla.


Escrito por

elchw

Comunicador Social, catedrático, renegón de la política y convencido de la necesidad de cambios, empezando por uno mismo


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